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Escrito por Cofradía Santiago   
Lunes, 07 de Diciembre de 2009 13:45
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Nuestro Padre Jesús del Amor
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Nuestro Padre Jesús del Amor

 

La devoción y el fervor creados entorno a las dos nuevas advocaciones fomentadas por la Cofradía, sobre todo en la relativa a la Madre de Dios, animó a los rectores de aquélla a hacer un último esfuerzo por completarlas con una nueva imagen. Faltaba la de un Cristo que fuese el que trasmitiese la gloria de la resurrección, acompañando a su Santísima Madre la Virgen en ese mensaje de esperanza tras su pasión y muerte, en la procesión del Sábado Santo previa a la celebración de la vigilia pascual. De esta forma se podría terminar con la tradicional idea de la Semana Santa, sobre todo en Bilbao, por la que era costumbre acabarla con la muerte de Cristo, imagen de Cristo Yacente, sustituyéndola por su resurrección venciendo a esa muerte, imagen de Cristo Triunfante, recogiéndose así el anuncio del Concilio Vaticano II, que señala que la muerte no tiene sentido sin la resurrección.

 

Así fue como pasada la Semana Santa de 1993, la Junta directiva acordó por unanimidad en una reunión celebrada poco antes de comenzar el verano, concretamente el 26 de junio, encomendar la realización de una talla que representase la figura de Jesús Resucitado aun escultor imaginero de prestigio. Se contactó con siete profesionales, , a quienes les entusiasmó la idea de realizar una imagen para la villa, decantándose finalmente por uno que había ya realizado imágenes de este tipo en varias provincias andaluzas. Éste era el artista onubense Francisco Javier Zamudio Barroso, cuyo estudio se encontraba en Isla Cristina, que sintonizó totalmente con el espíritu de la Cofradía. Confeccionó con gran celeridad unos bocetos gráficos de la talla a esculpir que fueron del agrado de la Junta, pues recogían perfectamente el mensaje de humildad, y la vez lleno de amor, que se quería reflejar.

 

El presupuesto de la obra ascendió a 1.600.000 pesetas, y en esta ocasión no había que realizar ninguna inversión en ropaje ya que se trataba de una talla de una altura de 1,80 metros, totalmente esculpida en una única pieza de madera de cedro real de Brasil, y posteriormente policromada.  

 

Solamente iba a ser necesario adquirir las potencias, las cuales se pensó en adquirirlas en la misma orfebrería que había realizado la corona de la virgen. El proyecto se presentó públicamente en la villa en pleno verano, concretamente a finales del mes de julio, asistiendo al acto representantes de los medios de comunicación bilbaínos. Al día siguiente la prensa recogía con profusión la noticia, con titulares como éstos: "Bilbao incorporará a su Semana Santa una talla de Cristo resucitado" (EL CORREO ESPAÑOL- EL PUEBLO VASCO), o "La Cofradía del Apóstol Santiago presenta el nuevo paso que cerrará las procesiones de Semana Santa" (DEIA). En ambos se destacaba la figura del escultor, un joven imaginero de tan sólo 28 años, perteneciente a la escuela del neobarroquismo, pero con una amplia obra principalmente en el campo religioso, pero también en la escultura profana, así como la obra, un Cristo resucitado más humano y cercano, con las manos bajas y ofreciéndose a la humanidad, que era precisamente lo que se buscaba, por representar una caracterización pionera en España.